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6 minutos de lectura

El castigo es una herramienta educativa que puede ser altamente peligrosa mal utilizada. Existen metodologías que rechazan esta forma de reconducir la conducta del niño radicalmente, otras son partidarias del castigo pero con matices. Hoy analizamos su utilidad y la manera más adecuada de utilizarlo con nuestros hijos. Decir no a los niños y razonar con ellos es fundamental para que comprendan los límites.

El castigo siempre genera controversia. Ha sido utilizado desde tiempos inmemorables en el proceso de educación de nuestros niños pero como herramienta puede ser dañino si se usa de forma inadecuada. Un reciente estudio presentado por la Asociación Americana de Psicología, y realizado en la Universidad de Oklahoma, ha demostrado que los castigos a los niños pueden ser efectivos si se realizan de forma correcta y en determinadas circunstancias. 

Los autores hicieron entrevistas en profundidad a 102 madres. Ellas explicaron situaciones en las que habían castigado a sus hijos por haber pegado a otro niño, llorado sin justificación aparente, desafiado a un adulto o no escuchado una advertencia. El análisis de los datos mostró que la táctica más eficaz para mejorar un comportamiento de forma inmediata era pactar con el niño un compromiso para corregir la situación. Los castigos solo eran más eficaces que el razonamiento cuando el niño actuaba en actitud desafiante o pegaba.

El estudio concluía que los castigos solo mejoraron el comportamiento a largo plazo de los niños que persistían en actitudes desafiantes. Esto demuestra directamente que hay comportamientos que se reconducen mejor a partir del razonamiento o el diálogo. Esta es la visión que defienden, por ejemplo, los seguidores de la disciplina positiva para niños.

5 pautas para castigar con coherencia

Hay que saber decir no a los niños pero castigar de forma excesiva, hacerlo de manera que el niño no entienda lo que sucede o simplemente aplicar castigos desproporcionados es negativo. En la medida de lo posible los padres debemos positivizar el castigo, medirlo y aplicarlo siguiendo unas pautas claras:

1. El pequeño debe conocer los límites y normas que rigen en casa. Cuando un comportamiento equivocado se reitera en el tiempo puede ser útil utilizar un panel en el que fijar los mínimos exigibles: higiene, orden, respeto… Estos mínimos varían siempre en función de la edad del niño y de su capacidad de comprensión.
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2. El castigo es la última opción. Cuando el niño se comporta de forma incorrecta debemos primero explicarle que está haciendo algo indebido. Hay que mostrarle con evidencias que debe reconducir su actuación y darle la oportunidad de rectificar antes de castigarlo. En este sentido el castigo es la última opción.

3. El niño debe entender en qué consiste el castigo. La improvisación no es una buena aliada. Tras las advertencias al niño debemos explicarle el castigo que va a recibir si no rectifica. En general siempre debe ser proporcionado a la acción y claro. Si el castigo es excesivo o incomprensible no tendrá utilidad alguna.

4. Como padres debemos mantener la calma, no gritar y controlar los nervios. Esto es difícil según la situación en la que se esté produciendo el mal comportamiento del pequeño pero es muy recomendable. Nuestra calma hará que comprenda más facilmente las repercusiones de su acción y, al mismo tiempo, transmitirá un modelo de conducta correcto. Los psicólogos de la educación apuestan por estos principios en el comportamiento adulto para construir ejemplos positivos. 

5. Consenso en los límites y las normas. Un mal comportamiento debe implicar una reprimenda o un castigo determinado. Todos los miembros de la familia deben pactar unos mínimos y ser coherentes. Si el niño pega a su hermano primero debe pedir perdón, de no hacerlo, tras las explicaciones pertinentes, recibirá un castigo justo, por ejemplo, ir 10 minutos al rincón de pensar. Si esta es la manera de proceder consensuada, abuelos, tíos y padres deben siempre aplicar la misma pauta. 

La disciplina positiva para niños frente al castigo

El castigo puede tener efectos negativos en el niño a largo plazo si se usa de forma inadecuada o excesiva. La Asociación de Disciplina Positiva en España, ADPE, advierte de sus repercusiones y poca eficacia si se utiliza constantemente.  Si el niño reiteradamente se comporta mal puede que no comprenda los límites o que intente llamar la atención, en ambos casos serán necesarias otras herramientas educativas.

Existen estrategias didácticas innovadoras que pueden ser de gran utilidad. También hay mecanismos para ayudar a los niños a resolver problemas y afrontar situaciones que pueden derivar en un mal comportamiento por su parte. 

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Del castigo al juego

Los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando. Por esta razón, puede ser una gran idea recurrir a juguetes educativos para conseguir un mejor comportamiento del niño. Miniland ha creado una completa línea de juguetes orientados al aprendizaje de emociones y valores.  Destacan especialmente tanto el Emoticapsules como el Emotiblocks, ambos muy útiles para ayudar al pequeño a expresar lo que siente y reducir su frustración.

El castigo no es siempre adecuado ni útil, como padres debemos valorar su uso en cada situación y si es necesario, recurrir a la ayuda externa de los psicólogos infantiles para obtener asesoramiento personalizado.

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